Hay que confesar que, a veces, algunos libros no son para nosotros. Pueden ser varias las razones por las que no terminamos una lectura: no nos gustó el tema, no nos gustó la narración, no nos gustó la trama; o, simplemente, no era el momento de leer un determinado libro.
En este caso, necesitamos de una lectura previa que sea diferente y que nos sensibilice respecto al libro que dejamos de lado, para poder llegar a él en otro momento. En ese caso, retomar el libro que dejamos de lado en un principio puede llegar a ser una experiencia reveladora y muy agradable, pues hay más elementos de juicio y más análisis de los detalles de dicha lectura, como alguna vez mencioné (ver Libros que preparan para otros libros).
No soy del tipo de persona que deja los libros tirados por ahí. Mi intención, si escojo un libro, es llegar hasta el final. Sim embargo, debido a las ocasiones en que no me ha sido posible hacerlo, he ido dejando un rastro por ahí; que va creciendo conforme pasen los años y que cualquier lector no debe ver como un signo de fracaso, sino de simple descoordinación entre el momento de la vida que lleva, y el mundo al que pretende acercarnos el autor.
A continuación, entono el mea culpa. Con seguridad, faltan títulos pues mi memoria sólo recuerda los más recientes, pero aquí va la lista:
La emperatriz de los etéreos.
El laberinto del agua.
La emperatriz amarga.
La reina urraca.
La cinta roja.
Los diamantes de la guillotina.
El último merovingio.
Mil días en la Toscana.
Rasputín.
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