Es el fin del mundo…

Terminé de leer el libro que llegó con fila preferente y debo confesar que, cuando vi el título del libro, sólo pensé en esto:

De hecho, fue un poco mi banda sonora mental (debería escribir de eso) cuando acometí la lectura de este libro. Así que, al ritmo de REM, comencemos a hablar acerca de esta obra.

Comienzo por decir que el autor es persuasivo. Muy persuasivo. Claramente es un escritor que sabe cómo dirigir sus ideas y sostener sus argumentos de una manera sucinta y precisa. Y lo hace en un lenguaje ameno, muy coloquial y que se siente muchísimo menos académico que otros libros de la misma categoría a pesar de tener los mismos respaldos que éstos, pero tal vez un mejor manejo del lenguaje. Ciertamente, estamos frente a un maestro de lo que está haciendo, ya que tiene la suficiente soltura como para manejar conceptos densos con suavidad.

Precisamente por eso, es que de entrada hay que prevenir acerca de su tendencia a los argumentos provocativos sin mayor sustento (¿en serio nos vamos a llenar de corsarios otra vez?) que hay que saber tomar con pinzas, así como a cierto apego a predicciones efectistas del fin del mundo y del descenso al caos que bien pueden sonar a un argumento de tobogán, así como a cierto género de entretenimiento del que suelen ser amantes cierto grupo etario en los Estados Unidos.

Ya en materia, Zeihan sabe situar lo que uno de mis profes favoritos de toda la vida ha llamado “las circunstancias de lugar, tiempo y modo” de una manera soberbia, de modo tal que, en unas pocas páginas, hacemos un viaje dese la primera revolución neolítica hasta que llegamos a estar parados en este preciso momento de la historia cuando, en sus palabras, el mundo como lo conocemos comienza a acabarse. 

Y así, el autor comienza a hablar sobre cómo el mundo tal y como lo conocemos va a acabarse. Es decir, no es que la tierra se abra, el tejido del espacio-tiempo se rasgue y caiga un meteorito. No es algo tan trágico como nos han querido hacer creer toda la vida. Es algo más sutil. Se trata de la transición entre un orden (que él llama….el Orden, surgido de los acuerdos de Bretton-Woods) y otro, (que llama el Desorden) mientras la volatilidad del mundo aumenta, los poderes mundiales y regionales se reajustan y los cambios en patrones climáticos y ecológicos producen nuevos movimientos geopolíticos mientras viejos conocidos de la Humanidad y fantasmas que se creían conjurados gracias precisamente al Orden vuelven a estar al día.

Zeihan comienza a definir los términos de esa transición a través de los ejes estructurales del orden mundial: transporte, finanzas, energía, manufactura, agricultura y materias primas. En todos, hace un pequeño comentario histórico, menciona su situación actual como sistema, y cuáles serían sus retos futuros, de cara a una población en declive -en tanto a capacidades físicas y número de habitantes- y un mundo cada vez más convulso, para al final hacer un excelente ejercicio de síntesis.

¿Cuál será la transición entre órdenes? No sabemos. Puede ser una utopía, puede ser una distopía, pero también puede caer en los terrenos de la protopia. Esta última, de hecho, es la más probable, y de la que menos se habla en la literatura porque es la menos escandalosa (como la distopía) o la menos dulzona (como las utopías, que corren el cuento de convertirse en historias de Disney) y, de hecho, puede requerir más trabajo, redes de científicos y cooperación internacional para llevarla a cabo. Justo lo que el autor menciona que puede terminarse con la transición entre órdenes.

Para Zeihan, la llave entre el caos civilizacional y el éxito de la Humanidad subyace en el la armonía entre seguridad y nivel poblacional, y la consecuente llegada del Desorden, en el éxito de las políticas que buscaban el balance poblacional (o de plano el control, como en China) a lo largo del siglo XX. Esto ha llevado a sociedades envejecidas y a problemas de fertilidad acusados, que han dificultado la tasa de reemplazo como especie que permita la permanencia de un sistema económico como el que mantenemos. Ya que -de nuevo, según sostiene el autor- la clave de un sistema basado en el consumo y el crecimiento, es que haya población suficiente para absorber ambos impactos y que sea el combustible de dichos fenómenos. Que fue justo el balance que se logró con la generación de los Baby Boomers.

Y, si bien estoy de acuerdo con él en qué algunas de las características de nuestro ciclo de producción pre-COVID (como las cadenas de producción cuasi-laberínticas) deberían ser reconsideradas, mi pensamiento no llega hasta los extremos del autor, que rozan la autarquía. Yo considero que el orden económico se va a reconfigurar hacia la creación y profundización de bloques regionales que va a relocalizar la producción, y la va a dotar de mayor sentido común a la cadenas de producción de algunos bienes de consumo, así como de poderes regionales y relaciones geopolíticas.

La gran incógnita que deja este libro es si la transición sería violenta o no. En el primer caso, ni siquiera sería posible un canal de comunicación de tipo informal que permita mantener algún mecanismo de cooperación abierto. Se abriría la Caja de Pandora de las guerras por el poderío regional -de la que ya podríamos estar viendo una primera fase de despliegue en Ucrania- y el mundo se volvería más insular. En el segundo, tal escenario de canales informales sería posible, lo que permitiría una forma blanca de ejercer poder y ejecutar políticas públicas que lleven a la cooperación internacional. 

Amanecerá y veremos.

This entry was published on July 24, 2023 at 9:00 am. It’s filed under Lectura and tagged , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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