Hace unos meses, mi jefe me preguntó si podría buscar y encontrarle en Medellín un cierto libro, descontinuado hace años, para un primo suyo.
Yo, personalmente, no podría.
Peeeero, conocía a alguien que sí. A un dealer. A un conseguidor.
Alguien que opera por referencias, que hace parte de su negocio no sólo el tener los últimos libros que han salido, sino también conseguirse aquellos libros raros (la conocí porque le consiguió a una prima un libro de la Segunda Guerra Mundial para el cumpleaños del tío), o comprar aquellos que están a punto de salir de los inventarios de las librerías, o aquellos descontinuados.
Saben que para todo hay un mercado y que, en este nicho de la población, siempre hay gente buscando cosas. Porque si por algo nos caracterizamos los lectores, es que -de un momento a otro- algo nos detona el interés y, en consecuencia, querremos conseguir información y conocimiento acerca de ese tema. Por eso, siempre habrá alguien que responda a esa necesidad.
Estas personas son comerciantes profesionales de libros. Personas que compran y venden por igual (a diferencia de las librerías, donde el comercio es de una sola vía: esta gente puede asegurarse incluso de que los bienes recirculen en la economía, lo que a la larga es ventajoso para el planeta, nosotros como dueños de libros y vendedores, y para nuestra economía). Son gente que está en movimiento por un mercado donde el inventario no suele ser constante. Que tiene contactos en las editoriales de todos los tamaños y de todas las ciudades. Que se codean con libreros, clientes y escritores por igual, y que puede conocer al dedillo los lanzamientos de los libros con la misma exactitud que el club de fans de un escritor.
A ellos, nuestro agradecimiento. Sin sus gestiones (que, por supuesto, no son desinteresadas porque todos comemos y pagamos cuentas; pero no por ello son menos merecedoras del agradecimiento), su trabajo y su organización, perderíamos algunas de las piezas que, como lectores, más apreciamos. Porque en un libro no van solamente las palabras. En algunas ocasiones, parte de la mística de un libro (además del mensaje y la historia) reside en la gestión que hacemos para conseguirlo. Gracias.