Seguí mi año en tierras del Norte, leyendo acerca de los Normandos. Un pueblo injustamente vilipendiado a lo largo de la Historia.
Si bien es cierto que, como vikingos, fueron guerreros de temer y saquearon todo lo que pudieron en la Alta Edad Media; también es cierto que parte de esta propaganda negra proviene de la iglesia ya que originalmente eran paganos. No obstante, los vikingos fueron también comerciantes avezados que llegaron hasta las profundidades del Rus y el norte de África, abriendo rutas comerciales.
Asimismo, fundaron ciudades a todo lo largo de Europa del Norte, como Oslo o Dublín, por citar algunas. Y que, una vez cristianizados, llegaron a Inglaterra. En este país, fueron parte impulsora de la institucionalidad local, e incluso, parte fundadora de la Carta Magna, documento sin el cual no habría precedente para ninguna constitución nacional en el mundo. Ninguna.
Así que, con muchas ganas de comenzar este libro, lo abrí…y no me lo esperaba. Se convirtió en lo que llaman en Estados Unidos un page-turner (expresión que no tiene traducción al español), un libro que no puedes soltar. Y eso, en un libro que es de historia -que no es novela histórica en sí mismo- que encima habla de fechas, de nombres y de lugares con semejante propiedad, hace muy meritorio el trabajo narrativo de parte del autor.
Asimismo, Levi Roach, historiador autor de este libro, une los lugares conforme avanza el tiempo, y va presentando al lector el mundo por el que se movían los normandos (vikingos). Un mundo que llegó, sin saberlo, hasta América, el Mediterráneo Oriental, Bizancio y, posiblemente, hasta las gélidas orillas de Svalvard. Un mundo complejo y rico, como las escenas del Tapiz de Bayona de la Reina Matilde.
