La Saga de Kingsbridge

Damas y caballeros, he terminado. Redoblan los tambores y suenan las fanfarrias, porque la saga de Kingsbridge ha llegado a su fin (o eso me atrevo a creer?). Tras leer LaArmaduraDeLuz (link) he puesto fin a 1000 años y más de 5.000 páginas de la historia (y las historias*) del Condado de Shiring (actual Condado de Devon) de la mano de Ken Follett

Bien dice el dicho que quien lee, es como si viviera varias veces. De la mano del autor, siento como si hubiera vivido 1.000 años en una pequeña región de Inglaterra. A través mío, han pasado los años y se han vivido 1.000 vidas: hombres, mujeres, niños y hasta algunos animales han pasado por dentro de mí, gracias a las letras de Follett. 

Gracias a la impecable investigación histórica del autor, hemos acompañado la transformación de una aldea llamada Dreng’s Ferry en la ciudad industrial de Kingsbridge que conocemos y amamos. Hemos pasado de cabañas de madera a casas adosadas; de herramientas rudimentarias, a máquinas de vapor. De túnicas; a corsés, pantalones y botas de cuero. Todo, bajo la imponente sombra de su Catedral.

Porque Follett comprendió algo muy bien. Lo más importante para poder dar continuidad histórica a esta serie, y la clave para situarla históricamente, está en el paisaje y en la arquitectura. Casi que ellos mismos se convierten también en personajes. Sobre todo, la Catedral de Kingsbridge misma. El templo ha pasado por todos los avatares posibles desde la Edad Media (hasta la Contemporánea, pasando por el caos de la reforma protestante en Inglaterra.

Pasa igual con los edificios civiles y las calles del pueblo. Al irse formando sobre el paso de los siglos e irse integrando al paisaje urbano, se van convirtiendo ellos mismos en puntos de referencia (Willard House, la taberna Slaughterhouse, Main Street, High Street, el cementerio, la tumba del Prior Phillip, entre otros varios) que van anclando al espectador en el entorno y que le permiten darle capas de profundidad (como una cebolla) conforme pasa el tiempo, como si fuera un local más. Adentrarse en esta saga y sentir el paso de los siglos en ella da la misma sensación que tienes en tu ciudad cuando sientes que sobre una calle hace unos años todo eran casas y luego son todos edificios, o abren un centro comercial. Como esa misma sensación que produce el paso del tiempo. Se vuelven tan familiares, que sientes como si tú, como lector, hubieras vivido ahí también. Como si fueras uno más del pueblo.

Otra sensación que da leer la saga de Follett es que Kingsbridge se siente como el epicentro del mundo. Todo pasa por Kingsbridge: los vikingos, la Reforma, Waterloo, la Globalización, Isabel I… Y es que Kingsbridge es el mundo de sus habitantes, locales, foráneos y asimilados. Y, al mismo tiempo, el pueblo participa de los acontecimientos mundiales aportando personas -como Ned Willard o JargeBox- o sintiendo los efectos de movimientos mundiales, como las Guerras Napoleónicas, el paso de la Alta a la Baja Edad Media, la Peste Negra, o la Revolución Industrial. Y es en esa relación de toma y dame que hay en la relación de este pequeño pedazo de tierra inglesa con la Historia y con el mundo lo que lo hace, a la larga, entrañable. Que hace que uno se sienta lugareño; que sienta pertenencia. Y que, de otro lado, demuestra en forma práctica el trabajo de los Historiadores en profundidad: mostrar cómo se inserta una determinada población -territorio, grupo humano, gobierno- en la Historia; cómo se une con ella sin llegar a fundirse, conservando una voz propia a lo largo del paso del tiempo en esta inmensa novela coral que es la Humanidad. 

Dudo mucho que Follett haya terminado terminado con Kingsbridge. Él es un autor que tiene por costumbre no dejar cabos sueltos. Y me atrevo a decir que dejó un par de fibras por fuera en los dos últimos libros: un Willard que sale en un largo viaje, hacia el final de Una Columna de Fuego -link- (alerta espoileeeer!!) y una carta que llega desde Down Under, también sobre las páginas finales de La Armadura de la Luz -link- (alerta espóiler 2!!), que bien podrían resolverse como un extraño regreso a casa de dos estirpes de Kingsbridge que se fueron en momentos históricos distintos, y podrían regresar en la forma de sus descendientes en nuestro tormentoso Siglo XX. ¿O no? Ojalá que sí, pero sólo Follett sabe esa respuesta. Siento que esta saga dista bastaaaante de terminar.

 

*Las cifras finales de las páginas leídas fueron las siguientes (según las ediciones que leí) 

832 en La Armadura de la Luz

1184 en Un Mundo sin fin

944 en Una Columna de Fuego

936 en Las Tinieblas y el Alba

1360 en Los Pilares de la Tierra

This entry was published on April 15, 2024 at 9:00 am. It’s filed under Lectura and tagged , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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