Cien Años de Soledad

“¿Cómo es que una lectora como tú no ha leído ese libro?” preguntó mi novio, tratando de sobreponerse al bullicio de la procesión, que justo pasaba cerca de Tanta Tinta (link). Con el libro en la mano, no supe que responder. “Yo sentí de todo leyendo este libro: risa, tristeza, hasta algo de miedo. Hubo pasajes que me conmovieron profundamente… ¿por qué no lo pruebas?” remató, con un pequeño tease.

La verdad es que…ya lo había leído, pero me había sacado. La historia es esta: había leído el Quijote a mis 10 años y me había ido bien: lo había disfrutado, lo había comprendido, y (muy importante) lo había terminado. Con este antecedente, decidí que era la hora de abrir el libro de García Márquez. Por supuesto, el libro se reveló casi incomprensible para mis escasos once años. Y me sacó. Y encima, me desanimó para seguir insistiendo en la lectura conforme fue pasando el tiempo. 

Por eso,  el primero de los requisitos para haber leído este libro es haber vivido. Este libro no es para lectores inmaduros. Los temas que trata, la profundidad puesta en palabras simples y actos cotidianos, demandan del lector una cierta madurez y un buen criterio. Por eso me sacó; pero de esto me daría cuenta muchos años después. 

Vuelvo a verme con el libro en la mano, en la librería. Y pienso en la serie (link a la serie), que está por venir (link a Vanity Fair). Y que, junto con los argumentos de mi novio y del administrador de la librería, me motiva a comprarlo para volverlo a leer. Para volver al mundo de Macondo. Y lo compro, dándome la bendición. 

Con reticencia, lo empiezo a leer. Y comienza la magia. El libro me atrapa casi de inmediato, sin haber terminado apenas el primer capítulo. Pero al nivel de “no-lo-puedo-soltar, quiero-saber-qué-pasa”. Me sentí transportada a Macondo por obra de García Márquez, que insufla a las palabras la vida y la cadencia del Caribe, para crear ese libro fantástico que es, en las palabras de mi novio “el universo en una cáscara de nuez” parafraseando una de las frases más importantes de la ciencia*, y dándome una de las dos mejores definiciones que me han dado acerca de este libro. 

Y sí, es así. No sólo porque Macondo sea un mundo mágico, sino porque García Márquez logra, de alguna manera, sintetizar en su escritura todos los tipos de historias. Historias graciosas, sorprendentes, mágicas, de miedo, fantásticas, dramáticas y románticas, que el Nobel va entretejiendo dentro de una misma historia, en la que mezcla, muy bien dosificados, algunos acontecimientos históricos reales de Colombia, como la Masacre de las Bananeras.

Por eso, sentía como si estuviera escuchando hablar a mis tíos cuando era pequeña. Sentía el sol, el calor, el viento de las tardes de sábado mientras las conversaciones de la familia alrededor del café sonaban mientras leía…sentí una conexión muy fuerte con mi familia (que proviene de una región cercana en la misma Costa Caribe colombiana), ya que varias de las historias que leí en el libro podrían perfectamente haber sido parte de ese anecdotario que se suele compartir en las reuniones familiares de los latinos y los caribeños hasta bien entradas las tardes del trópico. 

Es una gesta. Pero no a la manera de las obras homéricas ni a las de las antiguas civilizaciones, con su solitario viaje del héroe. Esta es una gesta hecha en comunidad. Es la gesta de una matriarca y de su familia, que se entrecruzan en sus siete generaciones a la manera de una novela coral, arropados por la Sierra y enmarcados por el auge y decadencia del pueblo que los vio ser grandes. Leer (y terminar) Cien Años de Soledad se siente como terminar una gran historia, contada a través de muchas voces.

Leer este libro es un poco como comenzar un viaje. Por eso, me atrevo a dar algunas recomendaciones para hacer más ameno el recorrido: 

Recomendación uno: nunca, NUNCA vayan a dejar este libro abandonado más de tres días. Es ahí cuando entran a la zona de peligro, y corren el riesgo de que el libro, con toda esa complejidad y ese mundo mágico que maneja, los saque por un volado. Este libro uno lo debe tener siempre fresquito. 

Recomendación dos: mantengan a mano un árbol genealógico de la Familia Buendía. O vayan construyendo el propio mientras van leyendo. Algunas ediciones (sencillas y de lujo) más recientes lo traen, pues resulta de mucha utilidad al lector, que es susceptible de perder la cabeza entre tantos Arcadios, Aurelianos, Remedios y Amarantas. 

No obstante, incluyo uno, tomado de Plantilla Árbol Genealógico (por lo tanto, el crédito es sólo de ellos) que me gustó mucho pues es ilustrado, en colores, e incluye una breve reseña de cada personaje, para no tener que ir pasando hojas conforme avance la lectura. Pueden ir a su sitio web para conseguirlo: 

Crédito: Plantilla Árbol Genealógico, la consiguen en su página

Como mi mejor amigo de la universidad me dio alguna vez la segunda de las dos mejores descripciones que he recibido de Cien Años de Soledad (“Este libro es un vallenato”, gracias querido HBA por esa frase), y el libro tuvo el efecto que les describí unos párrafos más arriba, he seguido la sutil recomendación detrás de esa descripción de Cien Años de Soledad, y les encimo una lista de reproducción que encuentran aquí para que se animen a leer este libro con su banda sonora, llena de los ecos de Macondo en las letras de Rafael Escalona y Lucho Bermúdez, y las voces (entre otros) de Carlos Vives y Matilde Díaz.

Termino con una última recomendación: disfrutarse este viaje. Para eso está la lista de reproducción. Y está el tiempo que le puedan dedicar (sean amplios en eso, este libro lo amerita) sumergiéndose en su mundo. Como yo, quédense sin palabras, y sólo disfruten de este inmenso vallenato llamado Macondo.

 

*Hace referencia a “El universo en una cáscara de nuez” uno de los libros de difusión de Stephen Hawking más famosos.

This entry was published on July 22, 2024 at 9:00 am. It’s filed under Lectura and tagged , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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