Ya compartí qué es un libro de descanso. En esta ocasión, Carmen fue mi libro de descanso. Cada que sentía que mi lectura estaba muy densa, la cerraba y abría Carmen. Sus páginas, a la manera del tranquilo municipio del oriente, me dieron un refugio tranquilo del agite macroeconómico que se vivía en las primeras dos décadas del siglo XXI, y que constituyeron mi lectura primaria.
Con Carmen no sólo hice una pausa con respecto al otro libro que leía. El libro me permitió aprender acerca del proceso de la cerámica que produce el municipio, cuya decoración y técnica especial de bajo esmalte son patrimonio nacional. La obra trata acerca de la historia de esta técnica. De cómo llegó, cómo se instaló y prosperó en el lugar, así que también estudia las circunstancias y las condiciones que permitieron que ésta prosperara y se mantuviera en el tiempo. Incluso, durante el convulso siglo XX colombiano (esto lo recogen este documento del MinCultura y este artículo).
Carmen también fue un placer táctil. Esta hermosa edición de Mesa Estándar viene en una opalina que es un deleite para los dedos, y que busca hacerle justicia a la técnica de cerámica carmelitana llamada Bajo Esmalte, aportando un brillo especial a las páginas del libro. Sobre todo, a aquellas que plasman los patrones de decoración cerámica tradicional del Carmen de Viboral y que vienen en un azul cobalto muy vivo, que recuerda precisamente el tono de la cerámica. Es por esta razón, precisamente, por la que varias de las hojas del libro (las hojas de los patrones, las de las ilustraciones de las flores, etc.) son en este mismo color.
Un libro, en fin, que es más complejo que la suma de sus palabras. Que, si pudiera -y en algún punto lo logra- transmitiría hasta el olor húmero de un taller de alfarería, o la sensación de la pieza de arcilla en las manos, lista para ser transformada. Que hermoso libro.