Después del agite de Crash, que venga algo de tranquilidad. En este caso, bajo la forma de este bello libro. Llegó de manos de una amiga, Sofi. Ella no sólo es fan de la autora, sino arquitecta paisajista; lo que no es un detalle menor para un amante de esta historia en particular.
El libro me enamoró desde la primera página. Lo hizo a tal punto, que terminé los primeros tres capítulos en la primera sentada. Hay algo en la forma en que Elizabeth Gilbert describe la época y las plantas, que fascina y llama a quedarse ahí, en la lectura, reposando. Casi, hasta el punto de hacer la clásica del lector (“un capítulo más”) durante la hora del almuerzo, arriesgando llegar tarde a la oficina por tener el libro en las manos.
Durante la primera parte de la obra, Gilbert nos lleva de aventura por el mundo, con la historia del padre de la protagonista. Para ello, centra la historia en el Londres georgiano, los remotos andes de Perú, y las laderas javanesas, para finalmente recalar en Philadelphia, con una breve escala en Ámsterdam. Con una narrativa rápida y una descripción vívida de uno de los momentos históricos cúspide para la exploración, los viajes (con todo y Capitán Cook a bordo) y la ciencia (tal vez sólo sucedido por la época de los viajes espaciales y la era nuclear del siglo XX), me costaba trabajo dejar de lado el libro, y llegué con facilidad a las cincuenta y algo páginas en dos días (laborales).
A partir de la segunda parte, por supuesto, Gilbert se enfoca más en la vida de Alma Whittaker, la protagonista. La historia se vuelve un poco más lenta; pero no por ello menos fascinante. El libro se enfoca en la arista de cómo hicieron las mujeres para, ellas también, cultivar la ciencia en un medio absolutamente hostil, que las destinaba a la ignorancia, el matrimonio, el cuidado y la maternidad desde el nacimiento.
Del libro emboban las descripciones de la botánica. La forma en que Gilbert describe las plantas, los jardines y los paisajes me hizo anhelar tener uno. También, es muy sólido en la forma en la que describe a las personas y a las sociedades donde transcurre la historia. La autora enfatiza la rigidez del estatuto social, y la búsqueda de promesas de autorrealización, la ética de trabajo calvinista, y el surgimiento por cuenta del trabajo y la inversión, como principio del capitalismo.
También admira la pasión con la que Gilbert describe la causa Abolicionista. Sin duda, las discusiones de los personajes y las relaciones familiares bien pueden reflejar como debieron haber sufrido las familias en aquella época por cuenta de las discusiones internas tomando partido en un sentido u otro.
Asimismo, admiran las descripciones de los viajes y de las conexiones que se conseguía hacer a través de la ciencia y del comercio alrededor del mundo. No en vano, a ese momento histórico se le conoce como la Primera Globalización. Una vez que uno como lector se sitúa en las circunstancias de ese tiempo, todo empieza a cobrar sentido.
Un poco a la manera de Emma -pero con consecuencias muy distintas- Gilbert parte de una tragedia de errores para poner en movimiento la parte más trascendental del libro. Así, como si el libro no fuera lo suficientemente animado, en su parte final se detonan una serie de acontecimientos que permiten no sólo el mayor salto cuántico en el desarrollo del personaje de Alma; sino que además llevan a uno de los avances científicos más relevantes en la Historia de la Humanidad, en una época dorada de la ciencia. Todo esto, con la prosa de Gilbert y, como telón de fondo, los paisajes de Tahití, los mares del Sur, y el Hortus.
Veo este libro como una novela muy psicológica. El personaje de Alma -no se llama así en vano- pasa por todas las etapas de la vida y de desarrollo psicosocial, hasta llegar a una etapa de madurez que se ha descrito de forma muy precisa por Erikson como “Integridad vs Desesperación”; ponderando cómo, a pesar de los errores cometidos, los tropiezos y las tristezas, a pesar de todo se ha tenido una buena, digna vida.