He comenzado oficialmente con mi primer libro del año. Y ese fue Persépolis, el cual leí el primer día del año, por aquello de “año nuevo, libros nuevos. Más alegre la vida será…”
Ah, ¿no iba así? Ah, bueno…
Pues, comencé por esta obra de Marjane Satrapi, una oda a la rebeldía en sí misma. Cautivadora por la inocencia con la que cuenta los comienzos de su vida, repartida entre Teherán y Viena. Cómo la Revolución Islámica cambió su vida y la de su familia, intelectuales progresistas en la Teherán de los años 70. Ante nuestros ojos pasa no sólo la revolución, sino también la crisis de rehenes en la embajada, la guerra con Irak, y otros varios acontecimientos mundiales que leemos, esta vez, desde los ojos de la protagonista.
Es una historia hermosa y que creo que debe ser leída por todos, como lo ha sido el Diario de Ana Frank. Se trata de la historia de una niña, y de cómo ella y su familia deben plantar cara al terror institucionalizado diariamente, en un país donde, por definición, es una ciudadana de segunda categoría. Una lectura útil en los tiempos que corren donde hemos visto tantas noticias descorazonadoras sobre la disminución de las libertades civiles de las mujeres en esa región, de la violencia de género que se ha visto a nivel mundial, y sobre lo que ahora llaman “guerras culturales”.