Este blog no es sólo para celebrar aquello que leemos. A veces, también es para recordar que no leemos todo. Este es uno de esos casos.
Dice el refrán que uno no debe juzgar a un libro por su portada, pero yo lo hice. Porque este libro es visualmente muy atractivo. Lo vi, y quise leerlo. Fue como si me llamara. Sin embargo, cuando comencé, no pude sentir mayor desinterés y lo dejé a la hora de haberlo sacado por primera vez del estante.
Para mi gusto, el libro comenzó a incluir de una vez temas un poco conspirativos, como reuniones del Club Bilderberg. O reuniones con maestros ascendidos que lo toman a uno de aprendiz cuando uno va a su cafetería de confianza. O visiones de ángeles. Y yo lo siento; pero no soy la lectora para este tipo de lecturas.
Muy seguramente la autora debe tener un público que la sigue. Sin embargo, yo prefiero evitar el sesgo de aversión a la pérdida, devolver el libro al estante, aceptar que como lectora, cometí un error, y escoger otro libro que resuene más con quien soy.