Con esta entrada, regreso -o espero regresar- a las entradas de viaje. En particular, del viaje que en estos momentos planeo.
Para entrar en materia, creo que todos saben que viajo en devaluados pesos colombianos. Este año, viajaré a un destino que cotiza en euros. Y encima bien turístico. ¿Cómo hacer entonces para cuidar la billetera en estos tiempos turbulentos y no volver achilado?
Pues bien, aunque las personas naturales no podemos hacer coberturas de divisa en la manera en que sí pueden hacerlo algunos agentes económicos, sí podemos utilizar algo de sentido común al momento de planear un viaje. Así, podemos proteger nuestras billeteras y no sentir tan fuerte el impacto de un cambio en el valor del dólar o el euro.
En mi caso, utilizo estos principios al momento de planear y presupuestar un viaje:
1. Nunca uso el valor preciso de la moneda a la hora de presupuestar un viaje. Jamás (léase bien) jamás uso la tasa de cambio del día para presupuestar un viaje. Ni uso un promedio. Eso, a mi modo de ver, es irresponsable: te retira todo margen de maniobra y cualquier variación en la moneda significa que tu viaje se vuelve más caro. En su lugar, yo suelo redondear el valor de la divisa hacia arriba, y usar ese valor como el definitivo para el viaje. Por ejemplo: si el USD está en COP$3,700 / USD$1, yo lo redondeo en mi presupuesto hasta llegar a COP$4,000 / USD$1, para darme un mayor margen de maniobra.
2. Reservo una partida equivalente al 10% del presupuesto para imprevistos. Esta partida suele actuar como un colchón adicional que generalmente cubre esas fluctuaciones de moneda. Mucho cuidado: esta partida se usa para cuando a uno lo deja un tren, o llega tarde a un museo y no puede entrar, o algo así. De ninguna manera se usa para solventar imprevistos de salud. Para esto están los seguros de viaje.
3. Dejo ya pagada la mayor cantidad de gastos fijos posibles. Así, la tasa de cambio a la que se fijan estos gastos -generalmente los más duros: hotel, las boletas más importantes, transportes, etc)- no queda por determinar. Escasamente, habría que preocuparse por la tasa de cambio a la hora de comprar un helado o un souvenir.
4. Reviso cuáles economías tienen sentido y cuáles no lo tienen en el momento de presupuestar. ¿Eurail? Pues, veamos si vale la pena frente a lo que me gasto en trenes. ¿Tarjeta del metro? Depende de cuánto vaya a usar el metro en una ciudad ¿Avión o tren? Pues eso depende de si tiene más sentido cubrir una distancia de una forma o de otra; y de si el aeropuerto es o no más accesible. Lo que quiero decir, es que se debe revisar cada partida muy bien, y en virtud de esto, definimos si una economía vale o no la pena. Por ejemplo: cuando fuimos a Nueva York, tomamos una tarjeta de Metro ilimitada por la semana que estaríamos allá. Pero valió completamente la pena, ya que este es el medio de transporte por definición en esta gran ciudad; así que el valor de la tarjeta nos compensó ampliamente el costo de lo que habrían sido los viajes individuales.
Son unos pocos consejos; pero creo que son útiles a la hora de hacer un presupuesto que sea amplio, que no dé dolores de cabeza ni genere ansiedad a la hora de viajar cuando, como yo, la tasa de cambio no es una ventaja sino todo lo contrario.
Añadiría, aunque parezca lógico, no olvidar presupuestar la alimentación y esto de manera amplia ,aunque solo se haga el almuerzo completo, aunque la comida se haga en la habitacion del hotel y se compre en supermercado. Siempre hay sorpresas al pedir la cuenta del resturante, aun si es un sitio que pareciera barato
Asimismo, no olvidar revisar cómo voy del aeropuerto o estacion al hotel y cuánto vale. No hacerlo puede implicar pagar un taxi bastante caro.