Libro pequeño, bomba grande. Enorme. Porque comencemos partiendo de la base de que el propio título es un oxímoron: por definición, la salida de una guerra no es honrosa a no ser que la ganes. E incluso así, tampoco sería una salida honrosa del todo, si nos ponemos a pensar en los horrores cometidos en el campo de batalla. Así que en una guerra no hay nunca vencedores. Todos pierden: unos, porque efectivamente pierden la guerra y sufren la mayor pérdida en vidas, recursos o infraestructura. Otros, porque puede que ganen, pero al costo de su Humanidad. Y en el siglo XX hubo un caso donde perdieron la guerra y también perdieron su propia humanidad, y cargan una vergüenza histórica hasta el día de hoy.
Pero esa es otra historia. Esta es la historia de otra vergüenza, bajo otra bandera. Es la historia de las gestiones, la diplomacia, los trapicheos y el encanto derrochado a ambos lados del atlántico para evitar lo que, en últimas, ya se suponía iba a pasar: la salida francesa de Indochina, la cual se dio después de una apabullante derrota militar en Dien Bien Phu y con la creación del enemigo de Estados Unidos en la futura Guerra de Vietnam: el Vietcong.
En 184 páginas, Éric Vuillard muestra a dos potencias aferrándose a un pequeño territorio de ultramar conocido como Indochina (después Vietnam), y cómo este conflicto no sólo fue por el orgullo, por la libertad; o para evitar la propagación del comunismo. Fue también para la preservación de los intereses de las compañías que extraían casi a su antojo los vastos recursos naturales del país, casi hasta extenuarlo. Por el orgullo de los políticos y generales que dirigían ambos países.
Ciento ochenta y cuatro páginas para mostrar la futilidad del conflicto. Ciento ochenta y cuatro páginas para mostrar la respuesta de un pueblo a los poderes coloniales de cualquier índole y para ver lo poco que se necesita para que un evento tenga repercusiones a nivel global.