Leí La vida de Chuck, el cuento corto del Tío Steve en el que está basada la película que estrenaron este año, que también fui a ver con mi novio, gran admirador del escritor de Maine.
Decir que es bonita o que tiene un gran mensaje es quedarse muy corto en la descripción. Decir que leer la historia o ver la película -o ambas- deja sabor a la vida, es acercarse más. Porque es a la Vida misma (con mayúscula, con sus grandezas, sus miserias y sus pequeñas grandes victorias; y a la que tal vez perdemos de vista mientras estamos yendo al trabajo, o pagando impuestos, o haciendo fila para ir al médico) a la que King rinde homenaje con cada una de las palabras de esta historia llena de Americana.
Porque ese fue uno de varios mensajes contenidos en la historia: una vida, bien vivida, es una vida que vale la pena vivir. No importa la grandeza, ni el dinero, ni el poder. Lo bien hecho, y lo que deja satisfacción siendo fiel a uno mismo es lo que importa, porque esos son los momentos que vamos a apreciar cuando ya estemos en la recta final.
Otro mensaje importante proviene de una referencia tomada nada menos que de Walt Whitman : “yo contengo multitudes”, un verso que se encuentra en el monumental “Canto a mí mismo” de Walt Whitman y en particular a este verso, que apela al sentido de comunidad y de humanidad presente en todos nosotros: somos las personas que amamos, los amigos que hacemos, los vínculos que forjamos, las familias que formamos, los niños y mascotas que protegemos, los ancianos que honramos, las comunidades que fortalecemos. Así, cada día. Así, todos los días, como parte de un enorme mecanismo hacia adelante.
La historia está en cine, si el gusto es más audiovisual; y también impresa, si el gusto es más de imaginar. Si quieren conocer un par de reseñas para animarse a ver la película, les comparto estas dos: