Los comentarios de mi hermano y mi novio me han estado comiendo la cabeza últimamente. Creo que ha llegado la hora de catalogar mi biblioteca.
La vuelta es cómo la voy a catalogar, si mi orden no es el orden de una biblioteca. Es decir: no es la forma en que están ordenadas normalmente las bibliotecas, ya que es algo un poco más orgánico, más visual; y por lo tanto, un poco menos taxonómico que el orden en que están dispuestos los libros normalmente.
Sé que algunas personas de mi familia tienen sus bibliotecas registradas y catalogadas de esta manera; pero no es la mía. Siento que le falta la chispa propia de una biblioteca personal. Así que tomé la decisión de sólo catalogar para efectos de registro, es decir: de poder contar con un identificador que permita saber qué es cada libro de la biblioteca y a qué categorías corresponde.
Así que vamos al primer dilema: ¿cómo catalogar la literatura? Porque, desgraciadamente, la literatura en español, que es una categoría enorme, no tiene ni siquiera ese nombre: es “literatura española”, lo que me pareció borrar a golpe y plumazo a toda una región del mundo, que ha dado los suficientes Premios Nobel de Literatura al mundo -si es que ese es el criterio que debería corresponder -link- como para poder dar cuenta de la fecundidad de sus letras.
Así que revisé y revisé en Internet; porque no podía creer que las letras latinoamericanas fueran a quedar subsumidas en las letras españolas. Hasta que di con este documento (link) de la Cámara Colombiana del Libro, donde explican cómo deben catalogarse los libros correspondientes a letras latinoamericanas. Se me prendió una bombilla, me acordé de mis jornadas de alfabetización, y caso cerrado. Con esto resolvía este dilema, pero otro nuevo había aflorado.
No había caído en cuenta de que me faltaba un -otro- identificador clave a la hora de clasificar a los autores del libro: el consecutivo del autor. ¿Pero qué -precisamente- es este consecutivo? No lo sabía. Y mi experiencia previa de bibliotecaria/alfabetizadora adolescente tampoco ayudaba, pues según recordé este código era algo que ponía la bibliotecaria del colegio.
Vuelva y busque. Vuelva y resuelva. Al haber quedado literalmente viendo un chispero con las instrucciones para producir el consecutivo mencionado -que se llama código Cutter-Sanborn, y es una clasificación alfanumérica con que los bibliotecarios agilizan sus búsquedas- y cuyas instrucciones encuentran aquí y aquí, encontré esta herramienta que me permite poner los consecutivos que necesite a los autores. Problema resuelto.
Entonces, ya tengo todo para comenzar y ponerme manos a la obra con esta idea. Lo que haré ahora será ir destinando el tiempo libre que vaya teniendo disponible para ir nutriendo la base de datos e ir marcando los libros. Pero con paciencia: no estoy en un apuro.