San Sebastián histórico

Amaneció y nos dimos cuenta: el taxista literalmente nos había dejado a la vuelta pues el hotel queda en el límite del centro histórico, y el balcón de nuestra habitación da al Boulevard de Donostia, construido por donde discurría la antigua muralla de la ciudad, y que enlaza la parte antigua de San Sebastián con su ensanche. Precisamente por él se corre hoy la X rural Kutxa media maratón de San Sebastián.  

Entre correlones, nos fuimos a desayunar al boulevard. Es un sitio hermoso, y un lugar por el que sí o sí hay que caminar en la ciudad. Es bonito, amplio y muy arborizado. Y tiene tiendas, restaurantes y bares de pintxos a ambos lados por si el hambre aprieta. 

Entramos a uno con una terraza amplia sobre el boulevard llamado RelojBerri, que además tenía vista al kiosko, que es parte del patrimonio de la ciudad.

De ahí, nos fuimos a caminar. Primero, seguimos el Boulevard hasta el edificio del Ayuntamiento y de ahí, torcimos un poco a la derecha y seguimos un poco más hasta el mirador del Club Náutico, que tiene una terraza desde la cual es posible tomar fotos de la ciudad, del mar y de la Bahía de la Contxa. Uno de mis lugares preferidos en San Sebastián. 

De ahí, enfilamos al centro histórico. Es un sitio hermoso en San Sebastián. Es caminable, bonito, y con tiendas y galerías locales entre las que encontré Koloreka, una tienda con ilustraciones de San Sebastián preciosas. 

Entramos a la Basílica de Santa María del Coro, que se puede ver desde el Boulevard al fondo del centro histórico, contra la montaña. Es una iglesia barroca, muy bonita y en su altar mayor están los dos patronos de la ciudad: San Sebastián y esta virgen. 

La calle que lleva a la iglesia se llama 31 de agosto. Es una calle patrimonial pues fue la única que no se incendió cuando los ingleses tomaron la ciudad en el siglo XIX. Cada año, el 31 de agosto, la calle se ilumina en recuerdo de esa fecha. Hoy en día, la calle es una de las más céntricas de la parte histórica de la ciudad, y une varios puntos estratégicos, por lo que la seguimos. 

Andando por ella, encontramos la Iglesia de San Vicente. Es la iglesia más antigua todavía en pie de la ciudad, ya que se empezó a construir en el siglo XVI y sobrevivió al incendio del siglo XIX, que sí afectó a la Catedral, que tuvo que ser reconstruida. Es una iglesia gótica, con un retablo muy bonito en su altar mayor y bella en su sencillez. 

Esta iglesia no es la Catedral siendo la más antigua aún en pie, porque la basílica realmente es la reconstrucción de un templo anterior. Este templo ha estado ahí desde el siglo XII y ha sido reconstruido varias veces, a raíz de incendios e invasiones que han afectado a la ciudad durante su historia. 

De la iglesia, salimos caminando para ver el Espigón de Zurriola, el dique que protege playa del mismo nombre y la espectacular salida al mar del río Urumea…o la entrada a la tierra del Cantábrico, si está de malas pulgas. Este parecía ser uno de esos días, ya que este mar estaba casi entrando por el cauce del río a la ciudad. Y ni hablar del malecón: había momentos, donde locales y foráneos arriesgábamos mojarnos si nos poníamos al alcance del agua.  

Infortunadamente, el clima parecía no ayudar. Con el cielo plomizo, las nubes anunciando lluvia y algo de viento, decidimos entrar al cercano Museo San Telmo para al menos poder estar secos mientras veíamos las exposiciones. 

Y que belleza lo que vimos. Este museo trata acerca de la historia y la sociedad de los vascos, uno de los pueblos más singulares de la tierra. Desde su idioma -que aún desconcierta a los lingüistas- hasta su sociedad, que era más igualitaria que muchas en España y Europa, en momentos donde esto no se concebía. Como pieza principal, el altar de la raza vasca de Sert, rodeado de los once frescos que describen al pueblo vasco y sus contribuciones a España y a la Humanidad. 

El museo es una panorámica de la historia del pueblo vasco desde el Neolítico hasta los tiempos más recientes, donde destacan la industrialización del País Vasco o el final del proceso de paz con ETA. Asimismo, tiene una muy buena colección de arte, entre la que se cuenta una escultura de Miró. 

Para almorzar, volvimos al RelojBerri y probamos los pintxos. Yo quería ir más bien a la Plaza de la Constitución y ver los bares de pitxos de allá, pero ni modo. Teníamos hambre y esta opción estaba más cerca. Más tarde, de pasada, estuvimos un rato en la Plaza de la Constitución donde vimos sus famosos balcones numerados, que nos recuerdan que fue una plaza de toros hace muchos años. 

Atravesamos el Boulevard hacia el ensanche -hacia el otro lado del centro histórico- y llegamos a la Plaza Guipúzcoa, donde está la diputación foral y cerca al Hotel María Luisa.

Fue precisamente ahí donde se nos ocurrió tomar el bus turístico. Una de las paradas está justo al frente del hotel. Dado que el próximo pasaba en media hora y se iba en una hora más, nos daba tiempo de ir cerca a probar la famosa torta vasca, cuyo epicentro estaba en esta ciudad. 

Cerca, encontramos a Bassk. Sin saberlo, estábamos entrando en una de las mejores tiendas de tarta vasca de una ciudad reputada por su gastronomía, lo cual es mucho decir. Si bien la atención no fue la mejor, ya que no fueron claros, finalmente pedimos una porción para llevar y la fuimos compartiendo, ya que este no es el tipo de postre que el papá suele comer. 

Llegamos justo a tiempo para tomar el bus turístico y comenzar el recorrido por la ciudad. Fue aproximadamente una hora y media, sin hacer paradas (lo que en inglés se llama el joy-ride) y conociendo toda la ciudad por las que no habíamos estado: Ondarrieta, el Ensanche y la parte más moderna. Coincidimos en que esta ciudad es muy bonita, con la especialidad de tener el mar -el Cantábrico- y las montañas cerca unos de otros, que es algo que pocos puertos tienen. Sentimos que Medellín sería así, si tuviera mar. Vemos un fuerte parecido entre San Sebastián y Medellín (o, mejor dicho, ¿vemos a Medellín parecida a San Sebastián?), y nos sentimos muy cómodos en ella. 

Después de concluir nuestro paseo en el sitio donde comenzamos, viendo a lo lejos el Kursaal iluminado, nos fuimos a cenar y a descansar. 

 

This entry was published on October 5, 2025 at 7:55 pm. It’s filed under Diario de Viaje, Viaje and tagged , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

Leave a comment