Hoy ha sido nuestro último día en Bilbao. Por fin, hemos podido entrar a la Iglesia de San Antón ya que encontré el tiquete que tenía mal parqueado junto con otros comprobantes de compra. Aprovechando los restos de la mañana y que -para nuestra sorpresa- el hotel tenía consigna, nos dimos una última vuelta por la ciudad antes de salir al aeropuerto.
De nuevo, caminamos por el Casco Viejo, el Arenal y la Ribera. Nos tomamos un café y ya nos devolvimos para el aeropuerto. Si bien había buscado y desde la terminal de buses había rutas que llevaban al aeropuerto con buenas frecuencias, mi papá prefirió que esta vez fuera un Uber el que prestara el servicio. Y yo estuve de acuerdo. Creo que a los dos nos dejó pensando lo que pasó en la terminal en San Sebastián, y preferimos esta vez contar con buen tiempo, ya que es un vuelo y no un bus lo que estamos tomando.
Llegamos a Santiago al final de la tarde, después de un vuelo en un avión de los que en Colombia ya se usan para viajar a los Llanos. Cuando leí en el pasabordo electrónico que “entregaríamos equipaje a pie de pista” pensé “oh, por Dios” y luego, cuando efectivamente lo entregamos a pie de pista después de irnos en un busesito hasta el extremo de la pista del aeropuerto de Bilbao, y subimos a un avión pequeño en el que todavía había ceniceros (la última vez que vi uno de esos me regañaron porque, teniendo cinco años, se me dio por meter la mano a ver qué había ahí) dije “oh, por Dios, aquí hasta los audífonos van a tener que ir en modo avión”.
Al final, y en un aterrizaje que incluyó volar sobre bosques de pinos que vi peligrosamente cerca, llegamos a Santiago. Lo primero que vimos fue que, siempre sí, era posible hacer el Camino por avión -pero creo que es más como un saludo al peregrino, mejor no me hago ilusiones.
Pudimos llegar a nuestro hotel de Santiago justo a tiempo para que nos alcanzaran a registrar. Dejamos las cosas y salimos a recorrer una ciudad que se revelaría como una de las grandes sorpresas de este viaje, y a tener la primera vista de la Catedral.