Puedo decir hasta el momento que 2025 ha sido un gran año para profundizar mi relación con la literatura. Desde el sueño cumplido que fue mi sala de lectura, hasta las nuevas historias que conocí, especialmente de la rica literatura latinoamericana. Gracias 2025 por llevarme de la mano, de nuevo, a las letras y a las historias.

A continuación, hago un repaso por las obras que me dejaron marca este año:
La argentina Agustina Bazterrica me dejó de una pieza, primero, con Cadáver Exquisito. Y luego, con Las Indignas. Espectaculares en su concepción y magistrales en su ejecución, las dos novelas me recordaron que “lo bueno, si breve, dos veces bueno (Baltasar Gracián)”.


Gilmer Mesa muestra el lado B de la colonización antioqueña con su espectacular novela “Las Travesías”, en cuyo final alcancé a ver insinuada la espectacular foto de Chucho Abad en la masacre de Valdivia: Caín y Abel.


Sara Jaramillo Klinkert hizo un ejercicio espectacular de realismo mágico en Puerto Arturo con su libro “Escrito en la piel del jaguar”, donde uno pasa alternativamente de la risa a la rabia y luego a las lágrimas con sus palabras. Colombia, en un solo libro.

Marvel Moreno me conmovió y estremeció a partes iguales con “En diciembre llegaban las brisas”. Un retrato del machismo, el deseo y la violencia que subyacen en la superficie plácida de la sociedad barranquillera y colombiana.

Laurent Binet hizo una pelota con todo lo que sé acerca del Descubrimiento de América y del Siglo XVI en Europa y América, jugó fútbol con ella, y luego escribió la espectacular “Civilizaciones” partiendo de la pregunta más sencilla y más demoledora en la literatura: “¿Qué pasaría si…?”

Beatriz Serrano nos llevó a la risa con esta novela sencilla y genial, “el Descontento”, sobre la vida de oficina en el capitalismo tardío. Lectura divertida e iniciática para quienes se adentran en el mundo corporativo; o para quienes -como ya- ya están -estamos- ya metidos hasta el cuello en él.

Javier Cercas escribió uno de los libros más humanos del año, “El loco de Dios en el fin del mundo”. Muestra el lado más humano de una de las instituciones menos humanas de todas: la iglesia católica; a través del viaje del Papa Francisco -uno de quienes nos dejaron este año- a Mongolia.

Laura Restrepo con su “Delirio” nos adentra en el clasismo bogotano y colombiano, así como en el fenómeno de la mafia y el dinero fácil de finales del siglo XX, y describe cómo éste permeó hasta aquellas familias “divinamente” que se preciaban de menospreciarlo.

Pilar Quintana en los “Abismos” describió un poquito muy agudamente el mundo de aquella generación de mujeres que de pronto no querían ser mamás o amas de casa; pero que lo fueron porque era la expectativa social sobre lo que había que ser. Y lo que viene después.

Por último, Ricardo Silva nos lleva de la mano para recorrer el gran mural de historias entrecruzadas, contradicciones ontológicas y errores burdos en el que consistió el Holocausto del Palacio de Justicia.

¡Ojo! Todavía no he terminado de publicar los libros leídos en este año tan prolífico. Cuando pase al nuevo año, lo sabrán porque empezaré a usar las etiquetas “RetoLector2026” y “Leyendo2026”.