Que libro para doler. Que atrocidad. Cuánta dureza comprimida en 512 páginas y dos cubiertas. Pero también cuánta nobleza, resiliencia y humanidad en este libro, finalista del National Book Award en 2017 y objeto de una adaptación televisiva.
El libro es una saga épica familiar que engloba el convulso siglo XX en el este de Asia -que fue un salto desde la Edad Media hasta la contemporaneidad- a través de las vidas de cuatro generaciones de una misma familia coreana afincada en Japón. Desde el trauma de la ocupación japonesa en Corea, pasando por la Segunda Guerra Mundial, el militarismo japonés, la Guerra de Corea y la separación de la península de Corea; hasta el racismo, las diferencias entre las clases sociales, las diferencias regionales entre el norte y el sur de Corea, los estereotipos y los prejuicios que la familia protagonista debe afrontar a todo lo largo de su historia.
En particular, la autora trata la historia de los Hibakusha (sobreviviente de la bomba atómica) de origen coreano, un tema pocas veces tratado en Japón. Asimismo, llama la atención acerca del sistema de nacionalización de Japón, y cómo -a pesar de ser la tercera generación afincada en el país- el hijo de uno de los protagonistas debía ir a registrarse como residente extranjero en una comisaría al cumplir 14 años. También indica que el prejuicio hacia la familia protagonista es doble, toda vez que son coreanos y administran máquinas de Pachinko, un juego que los japoneses asocian a la mafia, una estructura de la que la familia es lejana pero que se quiere acercar…
Es una historia llena de giros. Como lector, te envuelve y te sorprende desde el principio hasta el final. Te conmueve con la historia particular de cada personaje; mientras te permite observar cómo los acontecimientos generales van avanzando conforme se desenvuelven los acontecimientos del siglo XX, hasta llegar a un final tranquilo y humano, que reafirma y conforta.