Volvemos al Medio Oriente -y yo vuelvo a Moulinsart– con Tintín. Esta vez, vamos a conocer los conflictos del petróleo de primera mano…y vamos a reencontrarnos con el adorado tormento de Tintín, el Capitán y todo el personal. Abdallah. El travieso hijo del Emir
Pero me estoy adelantando. Hergé habla en este libro, sin mencionar nombres propios y recurriendo, de nuevo, a países inventados donde cualquier parecido con la realidad es fruto de la coincidencia, de lo complejas que pueden ser las relaciones internacionales de esta zona del planeta. Y con esto me refiero al momento histórico en que se terminaban los protectorados europeos en Medio Oriente, y se gestaba la independencia de los países árabes y su formación como estados nacionales.
Hergé explica gracias a la historia toda la trama entre tribalismos devenidos nacionalismos, relaciones interpersonales y contactos que se convierten en convenios internacionales, atentados y contra-atentados, fronteras trazadas de mala gana en escritorios (estoy hablando de ti, Sykes-Picot) y explosiones que han caracterizado los últimos 100 años de política en la región más inestable del planeta. Esto lo hace a través del personaje del Jeque Bab-el-Ehr, el líder de la tribu beduina. Me pareció, por la época en que tiene lugar, que bien podría haber sido el ancestro de alguno de los reyes actuales del medio oriente. Y los demás personajes europeos involucrados -ejecutivos de multinacionales petroleras, el mismo Tintín y sus amigos- conformarían el papel de la comunidad internacional en ese momento: unos queriéndose involucrar para su propio bienestar, otros para ayudar, pero todo, al final, queriendo involucrar entre las tribus del oro negro. Cualquier parecido con la realidad…
