Durante todo el tiempo que estuve estudiando en Bélgica, tenía la sensación de no saber dónde estaba. No geográficamente (todavía uso los atlas: sabía que estaba en Bélgica y en el corazón de la Unión Europea) sino históricamente. De no saber cuál era el origen del cual se derivaba el actual Estado-nación belga.
Es decir: Francia se deriva del pueblo franco. El estado-nación proviene del territorio franco, que se fue expandiendo a través de alianzas dinásticas, tratados y guerras de expansión en los ochocientos años siguientes. Asimismo, Alemania se deriva del pueblo germano original, del que se derivó el Sacro Imperio Romano Germánico, que lideraron en el siglo XIX las fuerzas de Austria, Prusia y Baviera hasta entrado el Siglo XX. De Italia, ni se diga. Pero de esta región en particular, aparte de saber que fueron los Países Bajos Españoles unos siglos … ¡nada!
Hasta que encontré este libro. Y con él, encontré la luz. Ya sabía dónde me encontraba, y entonces todo comenzó a tener sentido. ¡Estaba en el territorio del antiguo Ducado de Borgoña!

Estaba en las tierras de los vinos del Mosela. De las cervezas de abadía (Denominación de Origen Protegida de las abadías de la orden Trapense), de Van Eyck, Vermeer, Petrus Christus, van Weyden, Carlos el Temerario y Felipe el Bueno. Todos ellos y más personajes, entre artistas, revolucionarios, caudillos, reyes, líderes, vecinos, monjes, beguinas, santos, ladrones; y todas aquellas personas anónimas que contribuyeron de una forma u otra a forjar el imperio desvanecido de la Borgoña, que sigue más presente que nunca -así sea a un nivel inconsciente- en los ciudadanos de la región, y se puede notar en las instituciones que éstos han construido pacientemente desde los tiempos de Felipe el Hermoso, hasta la actualidad.
Y Van Loo resulta ser el guía ideal. Hace un recorrido histórico maravilloso, que comienza en la Galia Belgica, donde surge el pueblo de los Burgundios, hasta cuando este imperio se funde con la historia, milenios después. Algo que hace muy especial al autor es que no se preocupa solamente por hablar de las decisiones de gobernantes y otros líderes políticos de la época: habla también de los líderes populares, de las revoluciones, de las tensiones que existía entre los gobiernos locales y el poder centralizado en manos del Duque de Borgoña.
VanLoo, además, se toma el tiempo para describir la región, las ciudades y los burgos que componían el territorio. Completaba así, de la mejor manera posible, las circunstancias de lugar, tiempo y modo que daban lugar a los acontecimientos históricos en esa región del mundo.
VanLoo toca también los eventos culturales y sociales principales de esos tiempos: desde el mecenazgo en las artes (que también ejercían las mujeres, y en el que se destacaron varias veces), la construcción de abadías y conventos, los cambios religiosos, si tal o cual personaje tenía algún rasgo particular de devoción, las obras de algún artista, la importancia de los burgos, los burgueses y la sociedad civil en el gobierno y la economía, una herencia borgoñona que ha trascendido en el tiempo.
Una obra que, para mí, fue un poco como abrir una escotilla hacia una época cuyo esplendor yo nunca había sospechado; y que me confirma que uno siempre puede aprender algo más, de las maneras más insospechadas.
Me encantaría leerlo! Sabes si está en español?
Hola tía! Hasta donde sé, sólo está en inglés.
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