Yo no puedo regalar libros. Es decir, no puedo entrar a una librería con el interés de regalarle algo a alguien…porque mi cerebro de reptil (que, en una librería llega a volverse del tamaño del encéfalo) se convence de que parte de ese regalo debería ser para mí también. Y entonces, toma uno o dos libros, para ver, mientras la idea del regalo languidece un poco en la trastienda.
Esta vez, me controlé un poco más. Por lo menos, escogí en primer lugar el regalo que quería dar, antes de dirigirme al libro que me había flechado desde la vitrina: El Apagón, por nada más y nada menos que Adam Tooze, el genial divulgador detrás de Crash, libro cuya lectura produce el mismo efecto que un balde de agua helada lanzado a la cara.
Debo empezar por decir que, a pesar del ataque de cerebro de reptil que me acometió, tuve algo de recelo al tomar el libro. Por más que fuera Tooze, y de saber con posterioridad que el libro fuera tan bien reseñado, el hecho de plantar cara y de estudiar un fenómeno tan reciente puede resultar desafiante, porque no se han terminado de conocer todas sus incidencias, su desarrollo; ni, mucho menos, se han conocido todas sus consecuencias. Fue una decisión riesgosa de Toozela de adentrarse en este mundo del COVID, y atreverse a ser historiador de lo reciente.
No bien comencé a leer nuestro Apagón, comprendí que esta lectura no es para los débiles de corazón. Me hizo hiperventilar, literalmente. Perdía el aliento. Tuve que parar físicamente a lo largo la lectura para poder recuperarlo y, en algunas ocasiones incluso, para llorar y alivianarme antes de seguir. Leer fue recordar; y me sumergí en un tiempo muy cercano y convulso. De la mano de Tooze, recordé las medidas, las angustias, las políticas, las “primeras veces”. Asimismo, sentí esperanza el leer y recordar la inmensa colaboración entre las redes de científicos que llevaron a la carrera por la vacuna contra el COVID, y recordar las llegadas de los primeros cargamentos de vacunas donde más los necesitaban.

La escritura de Tooze me llevó de la mano por los entresijos de la última policrisis que ha sacudido a la Humanidad. Además de expandir mi mente, me recordó las gestas, las angustias, y sobre todo la enorme prueba a la resiliencia y a la capacidad de resistir y cooperar del espíritu humano de la que hicimos parte, en el más grande experimento social de la Historia: el Apagón.
Qué recuerdos de una época en la que estuvimos vacíos de todo menos del estómago, pues en mi caso, la inactividad me hacía comer todo el día 🤣. Aunque es rápido para rememorar, bien vale la pena la lectura para volver a asimilar el valor de la libertad, la compañía de los seres queridos, agradecer que el bicho chino no nos arrebató a ninguno de los nuestros y nuevamente valorar la dedicación incondicional de todo el personal de la salud, ultimamente tan vilipendiado
Me encantaría que me lo prestaras