Mi novio trajo a colación hace poco un tema de sentido común. Y es cómo vamos a organizar todos esos libros cuando vivamos juntos. Es decir, es obvio que los libros estarán en una biblioteca. Pero ¿cómo sabremos dónde van en la biblioteca?
No lo había pensado. Yo como que sé dónde están mis libros. Sin embargo, no me había puesto a pensar en cómo sería cuando el entorno fuera un poco más complejo, hubiera más libros y además hubiera libros de varios dueños (varios Fondos, como se dice) coexistiendo mientras los dueños cohabitan, respectivamente.
Un primer abordaje sería hacer una catalogación por las características físicas del libro: tamaño, o grosor. Pero, la verdad, aunque es el abordaje más estable (en términos de estructura) también es el más triste de todos. No respetaría las series de libros, ni a los autores, ni la relación que puede haber entre éstos y que es lo que da a las bibliotecas ese sabor tan personal. Lo descarté por aburrido.
Un segundo abordaje sería por temas. Determinar una zona para los libros de historia, otra para los libros de cocina, otra para los libros de fantasía, y así sucesivamente. Hector Abad Faciolince (link al artículo) tiene un artículo al respecto, donde explica por qué tiene libros regados por toda la casa. Ese abordaje es interesante, pero en primer lugar subsiste la inquietud planteada por mi novio (¿cómo saber qué tenemos dónde?) y en segundo lugar tendríamos el inconveniente de una distribución irregular, basada en nuestros gustos personales (tendríamos una zona grande de Sthephen King o de historia, por ejemplo; pero más bien poco de ciencia ficción, por poner un ejemplo), por lo que tampoco tendríamos buen conocimiento de hasta dónde llegarían las secciones, que nos lleva a la primera pregunta. Siento que no sería un abordaje práctico.
El siguiente abordaje es una catalogación como el de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. O un sistema como el Dewey, en el que se basaba la Biblioteca de mi colegio (lo cual supe porque alfabeticé allá). Todos lo conocemos; y quienes nos hemos orientado por una biblioteca en nuestras vidas, sabemos de qué se trata. En este abordaje, se asigna un código a cada libro según su tema, y un consecutivo alfanumérico al autor, que comienza por la letra inicial de su apellido y continúa con un consecutivo donde el primer dígito es el de la categoría de tema, y los siguientes dos dígitos es el consecutivo, según se puede ver aquí y se explica mejor de lo que yo lo hago en este artículo:

Este abordaje, aunque preciso, es rígido. Además, ¿en qué parte del libro escribiríamos -por Dios, escribir- las coordenadas del libro? Y de nuevo, la duda de mi novio: ¿qué tenemos, en dónde? No lo sé, Rick.
Debo admitir que mi forma de organización ideal es un poco como la biblioteca de Nombre de la Rosa, mi sueño traqueto. Algo oscuro, medio místico, y hermético. Pero sé que no es para nada práctico; especialmente si hay varias personas en el mismo hogar.
El último abordaje sería una mezcla de todo. Tener algunas colecciones especiales en muebles o separadas, de un lado; y de otro, un fondo general, donde vamos poniendo los libros según vayan llegando, catalogándolos con consecutivos y usando un catálogo para saber dónde estarían nuestros libros. Creo que es el mejor porque es orgánico, es funcional pero al mismo tiempo da espacio a lo orgánico en las bibliotecas y…se podría considerar tener un catálogo de libros!!
Sé que esta inquietud es un poco ensillar las bestias sin haberlas traído, como decimos en mi ciudad. Pero, de un lado, plantea una duda sólida; que incluso debería plantearme en el caso de mi biblioteca personal. Del otro, es una pregunta que busca plantarle cara al futuro de una forma dulce.