El libro final de mis compras limeñas. Un Libro Joya, comprado en la librería arquitectónica y perfecto para mostrar la belleza de los kanjis a una mente poco entrenada como la mía.
El libro cuenta con su propio separador a juego y está bellamente ilustrado. A través de ejemplos sencillos, el autor busca que los lectores y estudiantes de japonés le “cojan gusto al estudio de los kanji” y aprendan un poco más acerca de su estética, su uso, y su versatilidad en la vida diaria japonesa.
Así, tomando prestadas expresiones tradicionales, contemporáneas, budistas; o que cruzaron el Mar de China junto con las enseñanzas de Confucio (y los mismos kanjis), Takeshi Hirano va desarrollando las 205 páginas de este libro.
En una de ellas, un refrán. Pero este no va escrito de cualquier manera. En la parte superior izquierda, va escrito en caligrafía tradicional, como hecha con pincel. Esta se moderniza y se muestra en un bloque horizontal, en la parte superior de la página, seguido por un desglose de los kanjis utilizados (siempre 4) y su significado en español. Debajo, un texto donde explica los orígenes y la razón de ser del proverbio o dicho popular. Y por último, en el pie de página, dos ejemplos de cómo utilizan estos dichos los japoneses en la vida diaria, fundiendo los kanjis con los hiragana y katakana, los otros dos sistemas de escritura japoneses.
En la página siguiente, una ilustración hecha en tinta, a juego con la caligrafía de la página anterior, y alusiva al refrán que está siendo analizado. Para el ejemplo, esta conmovedora ilustración de Hachiko:
(mostrar a Hachiko)
El libro está ilustrado espléndidamente, a dos tintas: rojo y negro, para los textos. Y, como un detalle kintsugi, lujosos acentos dorados en la cubierta y contraportada. Como si el libro quisiera transmitir conocimiento, además, a través de su belleza y sensibilizar así, además, a estas sutilezas de la cultura japonesa.