Muchas personas en mi región de origen pueden (podemos) seguir al menos parte de la historia familiar por al menos uno de sus lados hasta una finca. Esa finca se convierte, en el imaginario, en una especie de Jardín del Edén en el que todo comienza, y por el que todo acaba. Esa finca, para Gilmer Mesa, era LasTravesías, predio que da nombre a la novela.
Situada cerca de La Granja, corregimiento de Ituango que se haría tristemente célebre en los años noventa por la masacre homónima (al igual que El Aro, su vecino, por las mismas razones), LasTravesías narra en clave de tiple y colonización antioqueña la misma historia de Caín y Abel que encontró Jesús Abad Colorado en el tablero de una escuela, en medio del horror de una masacre en Valdivia, Antioquia (la nota con la historia acerca de esta foto aquí):

En una trama que reúne grosso modo los últimos cien o ciento veinte años de historia, comenzando en el final de lo que parece ser la Colomizacion Antioqueña y la Guerra de los Mil Días, y entrando con paso firme en el turbulento siglo XX colombiano. Es por esto por lo que la relación de los protagonistas con LasTravesías no es sólo de amor; sino también de resentimiento. Si bien la finca es la tierra fértil, el hogar al que regresan una y otra vez, también es el sitio de los horrores. Su tierra ha sido abonada con sangre, que muchas veces ha sido vertida por miembros de la misma familia en reyertas fratricidas para las que parecen producir retoños; una y otra vez, en un ciclo de nunca terminar.
Si bien hubo algunos momentos en que la prosa del libro me quiso sacar, insistí; y la verdad es que valió la pena. Esta novela me revolvió por dentro. Más, si es posible, que la misma Cuadra, de la que es precuela. Las descripciones del monte, de las dinámicas de los hogares campesinos, de la violencia (nombre inicuo con el que nombramos, a manera de eufemismo, lo que fue nuestro iterar de violencias), de caminos, de actores, de la metamorfosis que opera en algunos personajes…todo, hace parte de este universo desconcertante y hasta oscuro que puede llegar a ser la Colombia del siglo XX. La “Colombia Amarga”, como la denominó otro grande.
No hay un orden correcto para leer este libro junto a LaCuadra. Puede ser antes o después. Si quiere ser ortodoxo, sugiero leerlos en el orden “histórico”, siguiendo a la familia Mesa García, que va del campo a la ciudad. Sin embargo, si la idea es enamorarse de la prosa de Mesa y después acometer una obra de mayor complejidad, no hay duda en que el orden a seguir es el mismo de la escritura: primero LaCuadra, y luego Las Travesías. Como sea que prefiera leerlas (o leyéndola en solitario, pues el único personaje que comparten es la voz del narrador), va a ser una gran lectura; y una parada necesaria, para poder asomarse siquiera a la superficie del dolor sufrido por lo que nebulosamente llamamos “población civil” en este país.
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Para conocer más acerca de la vida y obra de Jesús Abad Colorado, pueden ver este artículo de la Fundación Gabo. O pueden ver el documental “El Testigo” que está en Netflix.
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