Yo todavía no puedo creer que me haya encontrado esto en un Marshall’s en Miami Beach. Pero es que a mí los libros parecen perseguirme. Lo que pasa, es que esto es un libro joya en el mayor rigor de la palabra.
La edición es muy cuidada. Las páginas están cosidas; no emblocadas. Tiene un separador de tela integrado que, obviamente, hizo las delicias de mi papá por aquello de que no deja de gozarme desde lo de los separadores. Las páginas son en papel fino, tiene los bordes dorados y rescata las ilustraciones originales de principios del Siglo XX. Está ilustrado en policromía; y su pasta es en relieve. Es todo un espectáculo de ver.




Lo que todavía no me creo es el precio. Pagué USD6 por ese libro. Me costó un menos de COP30,000, y eso en mi país es menos que una salida a comer en un sitio que no sea Creppes (y sin bebida ni postre). Por lo que pude ver, revisando muy bien la etiqueta cuando la retiré, el libro llegó a Marshall’s a USD12.99, y lo fueron rematando: USD10, USD8 y finalmente, los USD6 que pagué por él.


En fin, a lo que vinimos. Esta es la historia en la que se basa la película; porque sí, la película sigue fielmente este libro, que no es sino el deseo de hacer un “cuento de hadas” adaptado al siglo XX, como expresó su autor en la introducción, puesto que los demás cuentos de hadas provenían de épocas pasadas que tenían un folclor y una moralidad que tal vez no se hablaría correctamente con la época del automóvil y del ferrocarril. Por lo tanto, este libro sería el vehículo para escribir nuevos cuentos de hadas, para los niños del siglo XX.
Y este cuento de hadas hecho para los niños de la Edad Industrial, primero de una serie (apenas me desayuno de esto) comienza en Kansas, de todos los lugares, donde un tornado levanta la casa de los Tíos En y Henry con Dorothy adentro, y se la lleva a la Tierra de Oz. Conoce a sus compañeros (el Espantapájaros, el Leñador de Hojalata y el León Cobarde), mientras recorren el camino de ladrillos amarillos para llegar a Ciudad Esmeralda, donde los espera Oz.
Algo que resalto de este libro es el concepto de por qué pedir a otro que uno percibe como más fuerte y poderoso por algo que, sin saberlo, ya está en nuestro propio interior. Dorothy y sus compañeros tienen aventuras que hacen aflorar todo aquello que ellos más desean, y que quieren ir a pedir a Oz: el coraje del León, el corazón del Leñador de Hojalata, y el cerebro del Espantapájaros.
Pero ellos no se dan cuenta; y se lo quieren pedir a Oz, porque ven su poder como algo externo, propio de un gran mago. No se han dado cuenta de que el cambio ya empezó en su interior. La única que tiene necesidad de magia real es Dorothy, que quiere volver con sus tíos a Kansas, y por ello se aventura a cumplir con el mandato de Oz, sin saber que la magia está con ella en todo momento y sólo debe aprender a usarla. El Camino Amarillo simplemente fue un lugar de aprendizaje para que todos se acercaran a sus dones, y supieran que los llevaban dentro, incluyendo la magia para saber regresar. Esa siempre está dentro de nosotros.
Un hallazgo maravilloso y muy bien contado. Resalta la belleza del libro como objeto y la gran enseñanza de la historia: aquello que buscamos afuera muchas veces ya vive dentro de nosotros. Un verdadero libro-joya.