15 de octubre, Sevilla. Apartamentos Duque de Veragua
Esta llegada a Sevilla también la sufrimos un poco. Llegamos con el tiempo muy medido a la Estación de Atocha, que es inmensa. Alcanzamos a asustarnos al ver las filas en los detectores de metales. Sin embargo, esas filas fluyen bastante bien; por lo que, en menos de lo que pensamos, alcanzamos a llegar al tren y tomar nuestros asientos casi diez minutos antes de que arrancara.
A partir de ahí, fueron alrededor de tres horas de AVE hasta llegar a Sevilla, capital de Andalucía. Como llegábamos antes de tiempo, decidimos dejar las cosas en una custodia y poder caminar la ciudad hasta por la noche.
Fui tan de buenas que encontré la misma franquicia de consignas que en San Sebastián (link). Localizamos una franquicia cercana tanto a la estación como al apartamento en la que reservamos un trastero para poner todas nuestras cosas (maletas, morrales, chaquetas, etc.), quedando sólo con un morral para el grupo. Como latinos desconfiados que somos, aseguro que estas consignas nos dieron mucha tranquilidad: son automáticas, limpias, muy confiables y de buen precio.
Ahora sí, estábamos libres para comenzar nuestra aventura por la ciudad. La comenzamos por las Setas de Sevilla; pero más exactamente, por la plaza cercana al monumento, ya que era hora de almuerzo y en esta familia el tema de comer es importante.
Almorzamos -mejor dicho, tapeamos- en la terraza de Doña Encarna, uno de los restaurantes que había disponibles en el lugar. Ahí, dedicamos un rato al tinto de verano, y a charlar de qué esperábamos de la ciudad, uno de los lugares con mayor historia de España.
Entramos a las Setas de Sevilla. Vimos un video acerca de la historia de la ciudad, y rematamos dando una vuelta por su terraza de observación. Cerca -debajo- queda el Antiquarium, donde exhiben la evidencia arqueológica de la época romana en Hispania.
Cerca de las Setas está la Casa de Pilatos, uno de los palacios andaluces que se conocen estando aquí y pertenece a la Casa de Medinaceli, quienes estuvieron entre los nobles más poderosos de la Reconquista. La Casa toma su nombre de la estación del Viacrucis que le corresponde en la Semana Santa, y su estilo es mudéjar. Si bien es muy suntuoso, todos lo sentimos un poco abandonado.
Después, fuimos al Palacio de las Dueñas, al que casi no llegamos, pues la calle en la que queda estaba en obras. Este palacio pertenece a la Familia Ducal de Alba. Es decir, fue propiedad de la legendaria Duquesa de Alba que todos conocemos hasta su muerte. Ya vemos que leer lo que llamamos en casa “literatura profunda” también rinde sus frutos. Si bien este palacio es más pequeño que la Casa de Pilatos, lo encontramos mucho más organizado y mejor atendido en sus jardines, por lo que disfrutamos más conocerlo.
Conocimos el palacio, pero ya el tiempo apremiaba. Finalmente recogimos nuestras maletas en la consigna, las llevamos al apartamento -que fue una sorpresa del tipo “Muy agradable” desde que nos indicaron cómo debíamos entrar- que, descubrimos además, tiene un supermercado a la vuelta, y nos fuimos a buscar la cena.