Caminando por Córdoba

La ciudad de los califas resultó ser la sorpresa en el viaje del Papá, que no se la esperaba. Hoy dedicamos parte del día a terminar de conocer esta ciudad mágica, para ya al final de la tarde llegar a Granada, otra de mis grandes expectativas de este viaje. 

Mientras desayunábamos, vi una tienda de ropa al frente con un caftán muy lindo. Quise ir a probármelo, y Pipe me acompañó. No compré el caftán, pues finalmente no me quedó bien; pero sí compré un vestido color palo de rosa y una chaqueta morado con mangas de murciélago que estaban geniales. Menos mal aforamos maleta al regreso.

Tras dejar nuestro equipaje en una consigna cercana a la Catedral, nos fuimos a caminar por la Medina. Conocimos la Sinagoga, la más antigua y la única que queda de la Judería de Córdoba. Pasamos por la estatua de Maimónides, y por la Calleja del Salmorejo cordobés, donde hay una receta de este plato local. Y por supuesto también hicimos una pausa para la curiosidad. Yo había visto cerca de nuestro alojamiento un negocio donde vendían dulces árabes, y quería entrar a comprar. El Papá intentó hacerse el bobo, pero no pudo: para adentro vas, le dije, y terminamos comprando una caja surtida con todo tipo de “gomitas” (como él les dice) que resultaron ser de su agrado. Ya sabemos que es amante de las gomitas y que le suele ir muy bien con ellas, pues le fue igual en Bélgica con los couberdones.

De ahí, nos fuimos a caminar por la ciudad. Primero, fuimos a los Jardines de la Alcazaba, que es la parte del Alcázar y se pueden visitar. El Alcázar está en restauración, y no es posible hacerlo. Sus jardines son, por supuesto, muy árabes y en ellos se encuentra una estatua de Colón y los Reyes Católicos. 

Pasamos también por el Templo Romano de Córdoba, donde hicimos una pausa para tomar unas cervezas, pues el calor apretaba, y duro. Ahí comenzaba nuestra caminata del barrio de los toreros. Subimos por la Cuesta del Bailío hasta llegar al Cristo de los Faroles, y caminamos un rato más por este barrio de callecitas estrechas y casas blancas encaladas, antes de volver por nuestras cosas e ir a la estación de buses para salir con rumbo a Granada. 

Si bien el AVE llega a Granada, los horarios no son muchos; por lo que se pierden opciones para poder transportarse. Los autobuses de ALSA terminaron siendo una opción confiable, puntual y barata para seguir nuestro camino por tierras andaluzas. 

Sin embargo, el final de nuestro día no fue cool del todo. Sin saberlo, había contratado un alojamiento de difícil acceso: debíamos remontar 200 metros de escaleras desde donde nos había dejado el taxi, en la base del Sacramente. A no ser que midan 1.80 mts., tengan condición atlética y lleven un morral más bien liviano, es un alojamiento que desaconsejo. La singularidad del mismo -es una cueva gitana con una vista increíble de Granada, a la que nos acostumbramos casi inmediatamente- fue lo que me llamó la atención. Pero, de nuevo, esto para turistas latinoamericanos NO ES. Quédense en la ciudad de Granada, donde pueden alcanzar fácilmente a pie o en transporte público los lugares emblemáticos de la ciudad.   

This entry was published on October 19, 2025 at 2:06 pm. It’s filed under Diario de Viaje, Viaje and tagged , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

2 thoughts on “Caminando por Córdoba

  1. 🤣🤣 uno feliz recorriendo todo el día, al caer la noche llega casi con la planta del pie hinchada, soñando entrar rápido a quitarse los zapatos. Oh sorpresa! 😱

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