“Esto está cuajando más rápido de lo que yo mismo pensé” me dijo mi novio anoche. “Esa es la idea” repuse yo.
Estábamos cenando, y nos pusimos a soñar con nuestro viaje. Enumeramos prioridades, necesidades que tenemos que ir sorteando y, por supuesto, el paso más importante de todos para cualquier latinoamericano: el presupuesto. No contar con una moneda fuerte hace que uno deba ser más consciente del uso del dinero, sin ser por eso tacaño.
Mi sugerencia fue ir como Jack: por partes. Primero, pensar qué es lo que necesitamos tener listo para irnos de viaje tranquilos. Luego, resolver esas necesidades, yendo de las más acuciantes a las menos urgentes. Y luego, ya sí dedicarse a construir los detalles del viaje.
Hasta el momento, una de las necesidades más importantes (y que casi ponía el viaje en entredicho) pudo resolverse. Falta ya comenzar con la parte “dura” del viaje: el presupuesto.
Yo adelanté algunas pesquisas pero, como buena colombiana desconfiada, no me creí la respuesta del algoritmo pues me pareció sospechosamente barata para ser un viaje. Prefiero la IA (Inteligencia de Alejandra) para revisar bien y resolver estas pesquisas.