Uno toma poco tiempo leyendo esta novela gráfica, ganadora en su categoría del Premio Eisner; y mejor Cómic del año para The New York Times.
El problema, sin embargo, llega ya terminada la novela. Cuando uno se sienta y recapitula, por Dios, qué fue lo que leyó. Ahí, sí, Hierba -que nombre tan inocuo- pasa como un tren por encima de uno. Como el siglo XX -problemático y febril- y los Jinetes del Apocalipsis que trajo aparejados pasaron por encima de Ok-Sun, una niña de Corea que quería ir al colegio y alimentar a sus hermanitos.
La plumilla de Keum Sun Gendry-Kim (autora e ilustradora del libro) recrea la vida de Ok-Sun. Desde su infancia, marcada por las privaciones de la Corea rural, los enredos de una sociedad que apenas estaba entrando en la Modernidad; hasta su ancianidad en la Casa del Compartir y su indignación frente a Abe. Su vida, como pocas, muestra los cambios exponenciales que sufrimos en la Humanidad en tan solo unas pocas décadas, y lo que estos representaron.
Hay eventos en la novela -realmente una memoria contada en formato de novela gráfica- que son inenarrables en su horror. Gendry-Kim, mujer e ilustradora, lo entiende y lo respeta. Por lo tanto, las peores partes de la novela se muestran como cuadros negros. Porque eso deben ser: la oscuridad completa del alma humana: la de los perpetradores, y la que vivió la protagonista. A buen entendedor…
Igualmente pasa con otras escenas que tienen lugar en las estaciones de “mujeres de consuelo” (un eufemismo para denominar a las esclavas sexuales del ejército imperial japonés) en las que estuvo retenida la protagonista: la autora incluye escenas de naturaleza para compensar por la bajeza del alma humana cuando tienen lugar las múltiples vejaciones de diferentes tipos que deben enfrentar Ok-Sun y sus compañeras en medio de la guerra, asociadas a la condición femenina.
Un detalle de humanidad, de comprensión, y de respeto. Tanto hacia Ok-Sun como sobreviviente del régimen de explotación de las mujeres de consuelo, como hacia nosotros mismos como sociedad, pues ya estamos sobreestimulados con imágenes violentas a nuestro alrededor. No es necesaria más violencia para dar a entender que la hubo.
A este régimen, se suceden el escarnio y la negación en su país de origen. La sociedad coreana es conservadora, y el uso de sus mujeres en esta condición ha sido un escándalo y una herida que no ha terminado de sanar, llegando incluso a instancias internacionales y diplomáticas entre ambos países.
Les dejo esta excelente reseña acerca del libro y este especial de RTVE