La cosa es, señores, que han puesto una librería a media cuadra de mi oficina. Y no cualquier librería, sino una de tres pisos, con un café en la planta baja y posibilidad de parquear. O sea, un peligro para mí.
Cómo les parece que me pusieron un lugar peligrosísimo cerca al trabajo. Peligroso en sí mismo no es. Al contrario, su presencia es muy positiva para el vecindario (y deseo personalmente que sean vecinos mucho tiempo), pero es muy peligrosa para mi sueldo, y temo un poco por él, y por mi falta de autocontrol, que puede llevar a aumentar el tsundoku que ya tengo, y del que ya he hablado.
Una con ediciones especiales, con ediciones extranjeras y que trae libros en otro idioma. Ya he ido dos veces y, en ambas, he salido con un paquete bajo el brazo. Me estoy preocupando. Voy a tener que trabajar en mi autocontrol o la fila de libros va a crecer y los ahorros van a disminuir.
P.S: la imagen destacada no tiene relación con la librería que menciono. Tomé una imagen de mi archivo personal para el efecto.
Ja, ja, ja! Ya veo ese sueldo en los rines y tu bliblioteca engrosada! Serán felices domingos de lectura y ayuno!
Pingback: A estas alturas… | Through the looking glass
Pingback: Pequeñas bellezas | Through the looking glass