Quedé prendada de la literatura gótica desde que leí esta maravillosa reinterpretación en clave latinoamericana que es Gótico Mexicano (link). Me quedé pensando que Silvia Moreno García había acertado de pleno trayendo el gótico a la región del color y la alegría por antonomasia. Porque, detrás de nuestras fachadas coloristas, nuestro baile sensual y nuestras canciones pegajosas, hay algo al acecho. Puede ser la madre naturaleza (la Manigua, si me entienden, pensándola desde mitos como la Madre Monte). O tal vez la descomposición permanente que se desprende de la humedad sempiterna de estas latitudes. O, tal vez, nuestros cuentos de espantos y aparecidos (María Angula hizo las delicias de la infancia de mi novio y yo). Yo creo que hay potencial ahí; en la oscuridad del trópico.
Pero hay otro tipo de gótico que me ha suscitado mucha curiosidad este año: el Gótico Sureño. Un gótico que se localiza sólo en el sur de Estados Unidos; y como tal, trata de los temas góticos (la decadencia, lo oscuro) pero con una atmósfera del sur que le añade elementos del país como por ejemplo la segregación racial (Jim Crow y similares), la locura, los elementos de familias disfuncionales, entre otros elementos que indican que el verdadero terror no es sobrenatural sino que está aquí, entre nosotros, sobre todo en aquellas comunidades muy apartadas. Muy como en la onda de las personas en los márgenes de la sociedad que fueron retratados por Diane Arbus, si bien hay que anotar como precisión que esto tuvo lugar en otras latitudes del mismo país.
Así como el año pasado me dediqué a la sicaresca, trataré de que este año sea el año del gótico sureño. O, por lo menos, del gótico contemporáneo, que en América Latina parece estar teniendo una resurrección.