He terminado el libro del FOMO, del que ya he escrito aquí y acá. Este es una reflexión en 7 capítulos acerca de la actualidad económica colombiana. Con un análisis muy agudo, muestra claramente la interconexión de todos los factores e incluso llega hasta el Modelo de Solow -querido Solow- para explicar la situación actual del país. Asimismo, está muy bien respaldado por datos estadísticos que muestran el desempeño histórico de Colombia, y la comparan contra las demás economías regionales y de la OCDE.
Sin embargo, algo que no me acaba de cuadrar del todo, y es que el libro nos expone un diagnóstico de la realidad económica colombiana -baja productividad, baja inversión en general, poco porcentaje del PIB destinado a salud y a educación- muy completo, y que sin duda tiene el propósito de buscar enderezar el rumbo. Pero no nos explica el por qué llegamos allá. Si esto es un tema estructural de la economía colombiana, podría al menos explicar cómo es que tomamos este camino.
Yo a estas alturas del paseo, en el año de gracia de nuestro Señor de 2026, no entiendo cómo se le ocurrió a alguien -o a varios álguienes– que ser un “alumno de 3” como decimos en Colombia, un mediocre, sería una buena política de Estado para mantener ad infinitum. Y cómo, con qué cara, nos explican en la universidad que esto es una buena idea. ¿Cómo sacrificar nuestro potencial en aras de la estabilidad, cuando las ramificaciones y los incentivos perversos derivados de esta política sólo nos han traído informalidad?
Siempre me enseñaron en la casa que había que trabajar para conseguir ser un estudiante de 5.0 (la nota máxima) y no entiendo cómo es que no estamos apuntando allá con todo lo que somos y lo que tenemos. Pensé que tal vez este libro buscaría una explicación a este fenómeno, que para mí es la causa de todos los males económicos y sociales, en lugar de simplemente complacerse en apuntar a aquello que está mal.