Este libro increíble de la escritora nigeriana Chimananda Ngozi Adichie que leí nada más terminar Carcoma (link), me transportó desde la España rural a uno de los momentos más oscuros en la historia reciente de Nigeria, la Guerra de Biafra; a la cual siguió una hambruna en esa misma región, predecesora de todas aquellas que harían célebre al continente en las décadas por venir.
Un libro tan bello y duro que uno necesita tiempo cuando lo termina para procesarlo de manera adecuada. Porque Adichie no se queda en la pornomiseria, que puede ser tentadora para una circunstancia como esta. Su libro narra, desde el punto de vista de sus personajes, cómo fue el descenso a la guerra; llevándolos desde la casa acomodada de un profesor universitario en Nsukka (el mismo ambiente en el que se crio Adichie) o los glamurosos restaurantes y salas de juntas de Port Harcourt y Lagos, hasta las entrañas de los campos de refugiados, los horrores de las masacres, los desaparecidos y las hambrunas que quedaron para la historia.
Aunque su comienzo es un poco lento -porque la autora se toma su tiempo en introducir a los personajes- la trama del libro va acelerándose conforme el ritmo de los acontecimientos toma tracción, hasta desencadenar toda la furia del conflicto. Adichie denuncia con su pluma los excesos de ambos bandos, las decisiones mal tomadas, el autoritarismo, y el abuso de aquellos que pusieron sus vidas, sus ideales y sus personas al servicio de una causa que parecía perdida de antemano.
La vehemencia de la denuncia de Adichie da empuje al libro. Este, a pesar de número imponente de páginas (540, en mi edición) puede leerse de un tirón; así de fuerte es su prosa y de ameno su ritmo.