La grande Elif Shafak regresa con una apuesta arriesgada: usar la historia de una gota de agua para interrelacionar eventos del pasado y del presente que tienen como eje a la región de Nínive, en la antigua Mesopotamia. Lo que hoy sería el maltratado norte de Iraq, cerca o en Mosul.
La apuesta de este libro es arriesgada. Sobre todo, porque los arcos de los personajes no se reúnen casi hasta el final de la obra; guiados, por supuesto, por el hilo conductor del agua, como lo explica el mismo título. La misma gota que cae en Mesopotamia al principio del libro es el copo de nieve que llega a la lengua de uno de los personajes principales el día de su nacimiento, en el Londres victoriano.
Que Shafak escoja llevar el foco hacia una niña Yazidí y mostrarnos las tradiciones de su pueblo es un acierto. Este pueblo es uno de los grandes incomprendidos y olvidados de la Historia, y que hayan sido objeto de genocidio por parte del ISIS en 2014 durante su expansión fue una de las tragedias de la década, denuncia de la que también se hace eco la autora en el libro. La descripción de la limpieza étnica es desgarradora; pero -al estar conviviendo con otras líneas y arcos de personajes- nos exige que dejemos de lado nuestros sentimientos como lectores para enfocarnos en el capítulo siguiente, lo que pudo no ser muy acertado.
Por eso siento que tengo sentimientos encontrados con respecto a este libro: siempre me estaba preguntando cómo haría Shafak para unir a sus personajes; precisamente porque sentía que el libro iba avanzando y no había unión entre sus líneas. Corría el riesgo de que estas quedaran como cuatro líneas separadas; y, como lo resuelve justo antes del final, siento que no da espacio suficiente a que los lectores procesemos qué pasó ahí. Especialmente, porque hay decisiones por parte de los personajes que normalmente son muy premeditadas, y no tan impulsivas como la autora las pinta. Pueden sentirse como recursos predecibles; especialmente, en la trama de Zaleekha, la hidróloga, que se cruza con la trama de los yazidíes.
Este libro, para mí, fue una apuesta arriesgada de Shafak que no termina de entregar lo que promete. Y, aunque tiene elementos interesantes como el uso del agua como curso rector de la trama o la denuncia de un genocidio, no son elementos suficientes por sí mismos como para que una trama como estas funcione.
Les comparto esta reseña de The Guardian, que encontré muy pertinente con respecto a mis sentimientos acerca de esta novela.