A veces, cuando se planea un viaje, hay que recoger y barajar de nuevo. Recoger las cartas que tenemos en la mano, porque no nos funcionan, o porque no podemos permitírnoslo, o porque es complicado llegar. Y entonces debemos barajar y jugar una nueva mano, esperando que
Después de una tarde de revisar, de buscar opciones, de presupuestar y tirar números en medio de un calor de locos, nos dimos cuenta de que nuestra factibilidad no era muy factible esta vez. Así que tendríamos que buscar nuevas alternativas para una posible salida de vacaciones.
Para desesperación nuestra, las alternativas 2 y 3 tampoco resultaron muy atractivas. Así que, para efectos educativos, veamos: ¿Qué salió mal?
- Falta de planeación: se me juntó un poco el ganado este año. Por temas familiares, de estudio, de trabajo y personales, no había podido planear siquiera los días en que saldría a vacaciones este año, y ya saben que a mí me encanta planear con tiempo para poder ser más eficiente.
- Pocos días para planear: ya pudiendo planear las vacaciones, había una ventana muy estrecha de tiempo entre la fecha de planeación y el viaje, así que serían compras de oportunidad. Pero de oportunidad para los vendedores, ya que harían un agosto con nosotros. Así que eso imposibilitaba más el viaje.
- Destinos complicados: los sitios a los que queríamos ir implicaban por lo menos cinco horas de avión. Y eso, la tercera opción, la más sencilla. Para nuestra primera opción, la deseada, la jornada de viaje más sencilla que enfrentaríamos era de 10 horas, llegando incluso a las 23.
Estos tres aspectos simplemente quieren decir que tenemos menos tiempo, que hay que reaccionar más rápido, y que hay que buscar alternativas por todos lados para resolver este nudo.
Vamos a necesitar algo simple, ágil y que nos permita cierto grado de gestión.