¡Por fin! Puedo decir que estamos en vacaciones. Pero estasno son las vacaciones como las suelo tomar.
Para empezar, voy a tomar sólo unos días; no el periodo completo. Yo tengo como política tomar mi periodo completo; creo que lo correcto que cualquier persona con días de vacaciones asignados por la empresa debería, pues ayuda realmente a descansar. Nuestro trabajo es intenso (sin importar cuál sea) pero en esta ocasión voy a pasar, ya que tengo un plan para el año entrante que se verá en buena hora.
Para seguir -oh, la blasfemia- preparamos estas vacaciones a través de una agencia de viajes. Es la primera vez en toda mi vida que planeo unas vacaciones a través de un tercero. Fuimos a una agencia de viajes, nos sentamos delante de una asesora y hablamos con ella un rato sobre lo que queríamos, lo que habíamos visto en una página web, y en qué estábamos interesados. Nunca habían gestionado por mí las reservas aéreas, mis reservas hoteleras, y mis traslados. Es decir, la última vez que lo hicieron tenía 12 años (y era mi papá).
A la injuria añado la calumnia, contando que apenas las acabo de montar. Casi a punto de subirme al avión. En la hora nona; cuando suelo empezar a prepararlas en los maitines del año.
Y remato, con que estas no son el tipo de vacaciones que suelo tomar. En lugar de ir a reventar infantería en algún lugar, o a deambular entre museos, vamos a viajar a unos muy merecidos días de descanso a la orilla del mar. En un todo incluido.

Es cierto que no es el tipo de viaje que suelo hacer. Es cierto que puede haber críticas a la elección. Pero también es cierto que, desde hace algún par de meses, soñaba con estar leyendo a la orilla de una piscina, a mediacaña, mientras las horas van pasando y la perspectiva de que el orden del día es… que no hay orden.
Bienvenido sea el descanso…