Las huérfanas

Las huérfanas, título de la última y más personal novela de Melba Escobar -mujer a la que me le leo hasta la lista del mercado- hace alusión al intento de suicidio de su madre, Myriam de Nogales. También hace alusión a cómo esta se lo contó, con té y galletas, el día que tuvo su menarquia: como si al ser biológicamente una mujer, tuviera que serlo psicológicamente también y acompañarla a llevar esa carga. 

Las huérfanas es la historia de dos mundos que se chocan, más que entrecruzarse. El mundo tropical, verde y febril del padre de su padre, proveniente de una familia del campo que ascendió. El mundo europeo, racional (no en vano es su abuelo materno psiquiatra) y severo de su madre, española criada en la posguerra de una familia noble que había decaído. Como tampoco podía ser de otro modo, los dos mundos colisionan en el París de los años sesenta, sueño eterno de los estudiantes del mundo. 

Pero después del sueño, ¿qué? Y ahí es que viene el nudo en el libro de Escobar. Después del sueño vienen el trabajo, el club, los hijos, el apartamento, el cuidado de los padres. Todas las cargas de una vida tediosa y monótona -monótona como el trópico- que su madre, una recién llegada, tuvo que asumir mientras se adaptaba. Una carga ruda en los hombros de una joven embarazada y con una bebé de brazos que se acomodaba a un país y unas circunstancias de vida nuevas. 

Las huérfanas es la historia de este ajuste agridulce. De esta maternidad descarnada, tan española. De este continuo adaptarse. De este mundo de los adultos que se hace a veces tan complejo; hasta para los mismos adultos que lo habitan. Que un buen día no se dan cuenta, y se encuentran sumergidos hasta el cuello y golpeados por las olas a veces sin saber nadar. 

Las huérfanas no es un ajuste de cuentas. Es un recuento. Es un decirle a su familia, con amor: aquí estamos, esto somos y esto hemos sido. Y lo que hemos sido, ha sido gracias a que nos hemos nutrido de otros mundos, para crear los nuestros. 

Es un libro bonito, humano, que no sólo nos trae al mundo más privado de la autora, sino que nos recuerda que somos, en parte, gracias a nuestras familias.

This entry was published on October 26, 2026 at 9:00 am. It’s filed under Lectura and tagged , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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