De paseo por Pontevedra y Combarro

11 de octubre Hotel Entrecercas, Santiago de Compostela. Galicia.

Hoy comenzamos el día temprano, pues había que coger tren a Pontevedra y luego llegar a Combarro, un pueblo de pescadores en las Rias Baixas gallegas que se cuenta como uno de los pueblos patrimoniales del país.

Yo no entendía por qué no había encontrado billete de tren más tarde para ese día; pero la duda quedó resuelta cuando Don José, dueño del hotel y encargado del desayuno, nos contó que justo ese día eran las Fiestas del Marisco en Pontevedra. Mira tú.

Nos subimos al tren y llegamos a Pontevedra a eso de las 9.00 a.m. Saliendo de la estación, nos encontramos a unos ciclistas que casi nos atropellan pues -adivinaron- iban por la acera, a lo que siguió la pregunta “¿Ustedes saben por dónde queda el Centro?” dicha en el acento más cundiboyacense posible. Como no estaba esperando ese acento, no supe que responder; me impresioné. “¿Hablas español?” me insistieron, con el acento de marras. Tras de que casi me atropellan, me atacan a preguntas. “Je ne suis pas d’ici”les respondí, y siguieron por su camino. “Rolos tenían que ser. Mira que ir así por el andén…” dijo el Papá con mal humor.

Tomamos un taxi de la estación al Centro pues no veíamos un alma. Teóricamente, debía pasar un bus; pero parece ser que las frecuencias disminuían mucho por ser fin de semana (pues ni siquiera era domingo), lo que me preocupó. ¿Cómo llegaríamos a Combarro?

Como primera etapa, coronamos el centro de la ciudad. En menos de diez minutos, el taxi nos dejó en el centro de Pontevedra, frente a las Ruinas de San Domingo. Justo al lado, había un Club del Café, en el cual nos sentamos a desayunar y donde nos atendieron muy amablemente, mientras eran las reglamentarias 10:00 a.m. y abrían las Ruinas. Estas forman parte del Museo del Pueblo Gallego, el cual está repartido en varios edificios por toda la ciudad.

Vimos las ruinas en un momento, y de ahí, nos fuimos a buscar transporte para llegar a Combarro.

La verdad es que alcancé a estresarme duro. O el Festival del Marisco estaba tan bueno que toda la ciudad (incluso los buses y los taxis) estaba allá, o se estaban tomando muy en serio lo de descansar los fines de semana y santificar las fiestas. Y ninguna de las opciones era buena para nosotros. Ay Dios…pensaba, mientras caminábamos en busca de transporte, avanzando hacia el Río Lérez, que baña a la ciudad.

Afortunadamente, había caído en la cuenta de registrar en mi app de notas el número de los taxis del de la mañana, y llamé a la central desde mi celular. Llegó por nosotros y, tras un paseo de unos diez minutos paralelo a la ría, nos dejó en la calle principal de Combarro. Este pueblo queda a sólo 8 kilómetros de Pontevedra (está casi conurbado con la capital provincial) y está directamente en la orilla de la Ria, por lo que hay que descender desde la calle principal para poderlo conocer.

Comenzamos yendo precisamente hasta la orilla, donde la marea estaba baja y pudimos caminar un rato. Después de una pausa muy importante para otro café en la terraza del restaurante Entrepedras, comenzó la jornada. Esencialmente, se trataba de caminar por el pueblo para conocerlo. Combarro e caracteriza por tener unas estructuras llamadas hórreos donde los pescadores guardaban tradicionalmente el grano y la comida. Estas estructuras, por la humedad del lugar, eran hechas en piedra y tenían patas que las separaban del piso para mantener la humedad a raya.

Pasamos la mañana en Combarro, pero no almorzamos allá, sino que optamos por comer en Pontevedra. Así que cruce los dedos para que apareciera un taxi. Llamé de nuevo a la central de taxis de la zona, gracias a un dato que encontré en un poste; y nos mandaron uno. El taxi nos dejó en el centro de Pontevedra, casi en el punto donde nos habíamos subido rumbo a Combarro. Y comenzamos a caminar otra vez.

Esta ocasión, recorrimos el centro de la ciudad. Estuvimos en las plazas principales (la de la Madera, la Verdura, la Estrella), caminamos por la Rua dos Soportales, y fuimos tanto a la Basílica como a la Peregrina, ambas iglesias las más importantes de la ciudad.

Comimos en un sitio de brunch y, para terminar la jornada, nos fuimos al Museo Provincial. Esta fue otra de las sorpresas agradables del viaje. Una maravillosa colección de arte clásico y moderno, además de artefactos históricos para todos los gustos. Un excelente final de tarde para una ciudad a cuyos tiempos tal vez no nos alcanzamos a adaptar tan fácilmente.

This entry was published on October 11, 2025 at 2:36 pm. It’s filed under Uncategorized and tagged , , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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